La despedida

Con lo fácil que es decir que todo se acabo, hasta mas ver, lo siento pero esto no pudo ser. ¿Que piensan que saldré corriendo detrás de ellos, arrodillarme suplicarle que vuelva y acosarles? No voy donde no me quieren eso lo tengo claro, solo me molesta que es siempre lo mismo.

Mi vida esta llena de caminos inconclusos, caminos maravillosos de ricos paisajes, de verdes praderas donde un árbol aislado en medio de un monte parece observarnos. El árbol cuyo tronco a pesar de estar retorcido por las adversidades del tiempo, no deja sin embargo de seguir creciendo siguiendo la dirección que le marca el viento, que al pasar a través de la copa del mismo, hace sonar esa inconfundible banda sonora, que al cerrar los ojos evoca los buenos momentos. Observando tal estampa desde el camino que me encuentro, a uno le dan ganas de ir a sentarse a los pies del árbol con las mejores de las compañías. Observando el camino en el que me encuentro, veo que atraviesa un frondoso bosque y que que al final se ve el camino saliendo a nuestro maravilloso árbol. Solo hay que seguir el sendero, solo hay que seguirlo, sin perderlo solo sigue el camino, esto es lo que piensa uno siempre antes de adentrarse en el frondoso bosque.

El bosque cada vez se va haciendo mas y mas denso, y el aire se va espesando dificultando la respiración, cada vez es mas espeso cada vez mas asfixiante así que simplemente agachas la cabezas y te centras en seguir el camino que cada vez se va haciendo mas difícil de seguir mas complicado ya que cuesta cada vez mas distinguir el sendero que tan claramente antes podíamos ver, pero te centras en seguirlo sin levantar la cabeza, y el viento ahora lejos de evocar buenos recuerdos, mas bien parece que nos este hablando como si nos estuvieran diciendo cosas que no llegamos a comprender, miras alrededor pero no ves a nadie solo ves el viento, no sabes porque te sientes observado, así que vas acelerando el paso para salir pero cada vez cuesta mas y ya simplemente corres por salir hasta que de golpe te ciega la luz y por acto te paras, para recuperar la visión, pero al abrir los ojos no ves tu maravilloso sendero, sino un precipicio donde el mar de la incertidumbre esta golpeando siempre sobre las rocas de la indecisión.

Me siento en el borde del abismo y observo y siento como mi alma se va cayendo a ese mar tan revuelto, siento como se va cayendo poco a poco la esencia de mi ser, así que trato de quedarme con algo, para poder cultivarlo y cuidarlo para que vuelva a germinar la persona que fui, me levanto y procedo a internarme en el bosque pero esta vez tengo que decidir si volver aun no veo el fin, no se si estoy a dos metros o a dos kilómetros no lo se, solo se seguro el camino hay de vuelta y el equipaje que llevo encima, que es lo suficiente como para salir al comienzo del sendero, comienzo la retirada y por el camino voy recogiendo lo que fui perdiendo y curando las heridas, ya al salir vuelvo a mirar el árbol, pero esta vez ya no lo veo igual, ya no me apetece ir a verlo, vuelvo por mi camino hasta encontrarme con el siguiente árbol rezando por tener fuerzas para poder llegar a sentarme y por fin descansar a los pies de un árbol de retorcido tronco y frondosas hojas.